Nessun dorma... nessun dorma...
tu pure, oh principessa
nella tua fredda stanza
guardi le stelle
che tremano d'amore
e di speranza...
El aria de Turandot sonaba con insistencia en la cabeza de Lucrecia. La voz de Pavarotti siempre la emocionó en esta ópera, pero el aria de Il Principe Ignoto... ésa era su favorita.
Oírla le inspiraba una sensación de corazón henchido que pocas veces había alcanzado en su vida. Fue esa canción la que oyó la noche en que llegó a su casa después de que le diagnosticaron el cáncer. Fue con esa melodía que acompañó su llanto y desesperación enormes. Después de oírla interminablemente, durante horas, Pavarotti y su magnífica interpretación de lo que significa el triunfo le regresaron la esperanza.
Ahora, en esa tarde de lluvia implacable, Lucrecia la escuchaba en su cabeza. La repasaba para encontrar consuelo al dolor y el cansancio que la mantenían atontada sobre la cama, sin fuerzas siquiera para abrir los ojos.
Quería mirarse. Necesitaba comprobar la extensión de la operación que devastó sus pechos. Desde ese día al menos le faltaría uno de ellos, el derecho, y el otro se vería atravesado en cruz por una cicatriz imborrable. Cuando supo el procedimiento al que sería sometida, pensó en sí misma en el futuro como una mujer deforme, incompleta, extraña. Y qué desconcertante sería para Rodrigo contemplarla sin la exhuberancia de sus pechos, que eran su locura. Lucrecia no lograba imaginar cómo podrían ambos pasar por esa situación sin derrumbarse. Temía mirarlo y encontrar en él el más mínimo rastro de rechazo, lástima o confusión.
No quiso hablar del tema, a pesar de la insistente perseverancia con que él lo intentaba cada día. Le aseguraba que nada iba a cambiar, que ella seguiría siendo la mujer que él amaba y deseaba hasta la muerte. ¿Crees que un pecho menos hará que cambie lo que tenemos?, le decía. ¿Me crees tan básico?, bromeaba. Lucrecia fingía no escucharlo. Con una frialdad muy eficiente le pedía que le alcanzara el salero, o cualquier cosa que la devolviera a la trivialidad de la vida cotidiana. No quería pensar.
Comenzó a abrir los ojos con desgana. Estaba sola en la habitación, recién saliendo de las tinieblas difuminadas de la anestesia. Temía y deseaba verse. Quería enfrentar de una sola vez su nueva y deprimente realidad.
Enfocó la mirada en la ventana empapada de gotas que corrían presurosas por el vidro y se dio valor para desviarla luego hasta su pecho. Sabía que no encontraría heridas ni cicatrices aún. Era lo que ya no vería lo que la asustaba.
Se obligó a contemplar su pecho, y encontró en él ese horrible espacio vacío. Donde alguna vez sintió las caricias de Rodrigo, ya no quedaba nada. Donde sus hijos se habían alimentado y recibido amor, punzaba ahora una herida sangrante y dolorosa.
Lucrecia lloró en silencio su pérdida. Se preguntaba, ridículamente, qué habrían hecho con su pecho, a dónde habrían ido a parar esos tejidos enfermos que solían ser parte de ella. La única razón que tuvo para permitir la operación fueron las amenazas de su doctor y los ruegos de Rodrigo, ya que el pronóstico de sobrevida era muy corto si no extirpaban la mama en que se desarrolló el maldito tumor. La consolaban diciéndole que podría usar alguna prótesis para nivelar sus senos, pero ella no había querido oír hablar de ello. Le parecía aberrante fingir que todo continuaría igual cuando su vida estaría casi completamente destruída por una enfermedad asquerosa. No, eso no. Ella era demasiado orgullosa para ponerse un pedazo de plástico sobre la cicatriz de lo que el cáncer le había arrebatado.
En ese instante entró Rodrigo a la habitación. No se dirigió a ella enseguida, sino que caminó con lentitud sosteniendo un libro en una mano, mientras en la otra llevaba un pequeño equipo de sonido donde se escuchaban claramente los primeros acordes de Nessun dorma. Lucrecia miró al hombre que más había amado en su vida acercarse a ella, con el corazón encogido de temor y tristeza. Temía ver esos ojos grises dirigiéndose a su pecho, y temía ver lo que después de esa mirada encontraría en ellos.
Rodrigo no la miraba, sin embargo. Lo que a ella se le antojó una interminable tortura, se convirtió en sorpresa, ya que él buscó en su libro una página previamente marcada, y comenzó a leerle:
"Según la mitología griega, las amazonas fueron mujeres organizadas en un pueblo controlado y dirigido exclusivamente por ellas. Se dedicaban al arte de la guerra, siendo oponentes de temer debido a su experto manejo en las armas que ellas mismas fabricaban. Algunos historiadores afirman que para maniobrar mejor el arco y las lanzas, en su pubertad quemaban, comprimían o cortaban su seno derecho, lo que les brindaba una agilidad y movilidad superiores.
Las amazonas eran preparadas, fuertes y decididas. Tenían en muy alta estima su independencia y eran capaces de llevar a cabo las tareas que eran exclusivamente asignadas a los hombres. A pesar de esto, eran mujeres bien constituídas y muy elegantes, que valoraban su libertad y su femeneidad.
Más allá de la mitología, hoy en día podríamos llamar amazona a cada una de las mujeres que lucha por sus creencias y por su vida."
Lucrecia escuchó cada palabra de Rodrigo, comprendiendo en ese instante de lucidez lo que su marido había querido decirle desde hacía meses. Se reconoció a sí misma en ese pequeño relato, como la mujer que sacrificó su pecho con tal de seguir adelante con su vida.
En la radio Pavarotti cantaba:
Dilegua, o notte!
Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle!
All'alba vinceró! Vinceró! Vinceró!
Aún estoy viva, le murmuró Lucrecia a su esposo, mientras él se inclinó para besarla. Y aún me queda otra teta, le sonrió mientras lloraba.














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_.-"Todos están locos, yo soy la única cuerda"-._
"La gente ve sus defectos en los otros"
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Chiarixx!!!
Prefiero mi version de la historia...
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Soy lo calido del silencio, lo grato de la soledad; soy la brisa suave que mueve lo cabellos y acaricia los rostros; soy las sencillas y fragantes flores de jazmín Soy la solitaria, delicada y siempre natural...FLOR DE LIS
Me encanto! Me encanto sinceramente... comenzo triste y desagarrador, termino dulce y tierno... y solo puedo felicitarte amiga miaa!
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Cada dia trae en si la Eternidad
Me gusta mucho!! suerte en el concurso, creo k te va ir super bien
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Son las hojas que escribi ayer,
el lenguaje que quedo en tu piel.
Fue la tinta a toda intencion
de dejarte lo que soy...
-- Ximena Sariñana --
thanks 2 "falling avatars" for the avatar
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En el medio del lodazal de tu desidia, resplandeció mi amor como una joya.
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En el medio del lodazal de tu desidia, resplandeció mi amor como una joya.
Gracias Flor, tu escrito también está bastante lindo y muy bien pensado. Juro que no lo leí antes de escribir el mío, ya que presenta ciertas similitudes
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En el medio del lodazal de tu desidia, resplandeció mi amor como una joya.
Ai lo yu
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En el medio del lodazal de tu desidia, resplandeció mi amor como una joya.
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